Al cuidado de cada detalle: por más de 40 años, el mecánico Sonny Flores ha mantenido bajo su cuidado cientos de autobuses de Metro

El  mecánico Sonny Flores revisa un autobús de Metro en la División 3. / Fotos: Mey Lyn Mitteenn.

A Inés “Sonny” Flores, quien es mecánico inspector de Metro, se le asigna un autobús al día que tiene que revisar de punta a punta. Puede que no parezca mucho, pero en realidad, ese único vehículo  —enorme, complejo y repleto de piezas— exige horas de meticulosa inspección que se hace al interior, exterior, debajo y encima del autobús.

El objetivo es garantizar que el autobús cumpla con los estándares de Metro y las normas de seguridad antes de volver a operar en la calle. “Mi trabajo es asegurarme de que todo esté en orden. Si hay algo roto, defectuoso o que necesite ser reemplazado, lo anoto en mi tarjeta de defectos”, dice.

Esa atención al detalle proviene de la experiencia. Sonny lleva 45 años en Metro, incluyendo 12 años en el Distrito de Tránsito Rápido (RTD), que luego se convirtió en Metro. Con décadas de práctica como mecánico, Sonny ha forjado una carrera centrada en la seguridad, la precisión y el orgullo por su oficio. Sus inspecciones comienzan dentro del autobús, donde revisa el área del conductor, los controles, los interruptores, las alarmas, el sistema de descongelación, los pedales de freno, los cinturones de seguridad para personas mayores y los equipos de accesibilidad —como los asientos plegables donde entran las sillas de ruedas. El objetivo: asegurarse que todo funcione correctamente.

Parte de su trabajo consiste en inspeccionar los asientos plegables donde se ubican sillas de ruedas con el fin de garantizar su correcto funcionamiento.

Verifica que las calcomanías esten visibles, revisa puertas, barras de soporte, interruptores del timbre para bajar, ventanas y herramientas de emergencia. Luego de ello, sale a examinar espejos, luces, ruedas, aros y llantas.  También observa el área de la portabicicleta, los limpiaparabrisas, el letrero de anuncios y hasta ve que la matrícula se vea legible. Inspecciona también el motor, las correas y el sistema para extinguir incendios.

A partir de ahí, el trabajo continúa debajo del autobús al revisar sensores, suspensión, frenos, fluidos de transmisión, aceite y filtros, además de buscar fugas de gas o piezas desgastadas. Si algo no cumple con los estándares, se documenta y se envía a reparar.

Sonny revisa los pestillos de emergencia de las ventanas del autobús.

Para Sonny, las inspecciones son más que una medida preventiva. Se trata de proteger a los pasajeros. “Hay mucha responsabilidad. La seguridad pública depende de ello. Hay que prestar mucha atención a lo que haces”, afirma.

Durante sus casi 15 años de experiencia en inspecciones, estima haber revisado personalmente al menos 3,600 autobuses, además de los cientos que arregló anteriormente durante su carrera como mecánico, donde agarró experiencia en los principales sistemas del autobús: con la reconstrucción de motores, reemplazo de transmisiones, trabajos de suspensión y apoyo en el equipo que revisa frenos y aire acondicionado.

Tras trabajar en una imprenta, Sonny se unió a RTD con tan solo 19 años y comenzó como auxiliar de servicio limpiando autobuses. El contacto con los autobuses despertó rápidamente su curiosidad, y cuando se le ofreció una oportunidad de entrenamiento gratuito para encaminarlo hacia la carrera de mecánico, la aprovechó. “Para esta profesión, hay que disfrutar arreglando cosas, identificar el problema y resolverlo”, afirma. “Es un reto, pero satisfactorio”.

Al principio de su carrera, buscó la orientación de un compañero de trabajo con experiencia que pudiera guiarlo. Una de las primeras y más importantes tareas de Sonny fue reconstruir un motor. “Estaba un poco nervioso porque hay que desmontarlo todo. ¿Y si se me olvida ajustar algo?”, recuerda haberse preguntado. Tenía la capacitación y sabía que podía obtener ayuda si la necesitaba, pero Sonny estaba decidido a llevar a cabo el trabajo. “Lo logré y fue un momento gratificante”.

A lo largo de las décadas, también ha visto evolucionar los autobuses de Metro. Los de antes que eran pesados, con motor diésel y donde había la necesidad de mayor mano de obra, hasta la flota tecnológicamente avanzada de hoy, que permiten diagnósticos electrónicos. “En cuanto al diseño, estructura e ingeniería de los autobuses actuales, puedo decir que han avanzado mucho”, dice Sonny. A pesar de los cambios, añade que el propósito del trabajo sigue siendo el mismo: garantizar que todos los autobuses que salen de la División sean seguros para el público.

Una parte importante de la inspección se realiza fuera del autobús.

En la División 3, ubicada en el área de Cypress Park, Sonny agradece a quienes lo rodean y el esfuerzo que dedican para realizar las asignaciones pendientes. El trabajo en equipo, dice, es lo que mantiene todo funcionando sin problemas día tras día. “Me encanta este lugar. Para mí, esto es básicamente una familia, un segundo hogar”.

Con los años, sus compañeros de trabajo se han convertido en amigos. Sonny ha ido a hacer ciclismo con algunos compañeros y ha forjado amistades fuera del ambiente laboral, incluso al punto de conocer a sus familias. Sonny afirma que el apoyo de sus compañeros y supervisores, junto a la capacitación y los beneficios de Metro, le dieron la oportunidad de crecer y le ayudaron a construir una vida estable y criar a su familia. “Si cuidas de este trabajo, este trabajo cuidará de ti”, dice.

Sonny inspecciona la parte inferior del autobús a detalle.

Fuera del taller, Sonny es padre de tres adultos, abuelo de cinco jóvencitas y bisabuelo de un niño pequeño. Cuenta que sus nietas solían llamarlo para que les ayude con problemas del coche y hoy en día, ellas se las arreglan solas. Eso es algo que se enorgullece de haber transmitido, además de ver a sus hijos crecer y ser independientes.

Confiesa que su herencia cultural también sigue siendo una parte importante de su vida. Nacido y criado en Estados Unidos, de padres de Chihuahua y Durango, México, Sonny creció hablándoles español, un idioma que todavía usa cuando es necesario. Las tradiciones familiares también se mantienen vivas en la comida y las fiestas, desde los tamales en Navidad hasta el pan dulce y el champurrado durante la temporada de fin de año. En su cocina, también conserva algunas de las recetas que le enseño su madre, como el cocido y el picadillo.

Cuando Sonny no está trabajando, disfruta de viajar, especialmente irse de crucero, y espera volver pronto al ciclismo. Con su jubilación a la vuelta de la esquina el próximo año, espera pasar más tiempo con su familia y explorar nuevos lugares.

Al reflexionar sobre su carrera, Sonny afirma que elegir Metro fue una de las decisiones más importantes de su vida y anima a otros a considerarlo. Destaca las numerosas opciones disponibles en la agencia, junto con las oportunidades de formación y educación que abren las puertas al crecimiento. “Aquí las oportunidades son infinitas”.

Para quienes duden si solicitar un puesto de mecánico de autobuses, les dice: “Solo inténtenlo. No tienes nada que perder, pero sí mucho que ganar… No te vas a  decepcionar”.

Tras más de cuatro décadas como mecánico, el legado de Sonny sigue vivo en cada autobús que sale de su División, listo para las millas y las personas que vienen en camino.

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